La rutina victoriosa de Pogacar



Cuentan que Eddy Merckx no perdonaba ni una victoria en ninguna carrera, daba igual cuántos triunfos llevara, siempre quería más, era insaciable. Justo por eso se le conocía como El Caníbal. Miguel Indurain, también ganador de cinco Tours, tenía otro estilo. Él sí dejaba ganar etapas y se centraba en la general, a él le daba un poco igual dejar que otro ciclista se llevara el triunfo parcial siempre que él se garantizara la victoria final. Tadej Pogacar emparenta mas con el estilo insaciable de Merckx que con el generoso de Indurain. El esloveno quiere sumar cuantas victorias se le pongan por delante. Nada de aflojar un poco para dejar que un ciclista de un equipo modesto venza, nada de poner el piloto automático cuando tiene más que sentenciada una carrera. Si puede ganar, ganará. Y casi siempre puede ganar. Hoy ha sumado su quinta victoria de etapa en este Giro que tiraniza con guante de seda, buenas formas y sonrisa permanente, pero que tiraniza al fin y al cabo. 

Con esto de dejar ganar a otros siempre ha habido dos corrientes. Hay quien piensa que engrandece a un campeón no disputarle la victoria de etapa a otro corredor que no gana con tanta frecuencia y hay quien cree que eso es no tomarse en serio a ese ciclista, que lo honesto es ir a ganar y darlo todo siempre. Desde luego, Pogacar es de la segunda opinión. Él corre para la historia, para la leyenda, y siente que dejar de ganar una etapa que está a su alcance carece de sentido. 

Faltaba un kilómetro y medio para el final cuando el líder de la carrera lanzó su esperado ataque. Marchaba entonces por delante el jovencísimo y muy talentoso Giulio Pellizzari, de 20 años. El ciclista italiano miraba hacia atrás desesperado, sabía quién venía a por él. Pellizzari admira a Pogacar, lógicamente, como cualquier otro corredor, como cualquier amante del ciclismo. Pogacar tiene un gran respeto por él y, en meta, le ha regalado su maglia rosa y sus gafas. Pero ya. Lo de dejarle ganar la etapa, simplemente aflojar el ritmo y ponerse a su rueda, no disputarle el triunfo, no era una opción para él. 

Es evidente que Pogacar es más fuerte que cualquier otro participante de este Giro, también más que Pellizzari hoy. Y que quiere ganarlo todo. Nada que objetar. ¿Hubiera sido un gesto bonito dejarle ganar a estas alturas de carrera y llevando ya cuatro triunfos hasta hoy? Sí. Pero lógicamente no tenía ninguna obligación de hacerlo. Le ha entregado la maglia rosa y las gafas, como en los concursos de la tele que regalan el juego de mesa del programa. Un detalle bonito para recordar, pero lo de la victoria es harina de otro costal. Eso no se regala no se negocia. Pogacar lo quiere todo y más. 

Pogacar amplía su distancia en la general y también es más líder en la clasificación de la montaña, además de sumar su quinta etapa, que perfectamente puede no ser la última. La película de la etapa, por lo demás, ha estado marcada por el mal tiempo y por la actitud valiente pero sin recompensa del equipo MovistarAnte el mal tiempo se decidió no subir el Giogo di Santa Maria, sobre todo, para evitar su descenso, y comenzar la etapa en Lasa, por lo que se recortó sensiblemente el recorrido, que perdió más de 100 kilómetros.

Bajo la lluvia incesante, se formó una escapada con Davide Ballerini, Andrea Piccolo, Julian Alaphilippe y Mirco Maestri. Estos dos últimos repetían juntos en fuga tras la escapada que ambos protagonizaron en la etapa que ganó el francés. El equipo Movistar se puso a tirar del pelotón. Siempre es digno de elogio tomar la iniciativa, incluso aunque hoy se pueda decir que fundamentalmente lo que ha hecho el equipo español es hacerle el trabajo al UAE de Pogacar para que el esloveno rematara a placer en la ascensión final. 


20 kilómetros, en plena subida al Passo Pinei, atacó Pelayo Sánchez, pero Movistar siguió marcando el ritmo del grupo del líder, lo que parecía dar a entender que el equipo telefónico planeaba otro ataque, previsiblemente de Einer Rubio. Sin embargo, no llegó ese otro demarraje y Sánchez fue neutralizado. Nairo Quintana se descolgó tras trabajar para Einer Rubio. Poco después, Sánchez volvió a atacar. Visto de fuera, pareció algo errática la estrategia de Movistar. Además, no le acompañó la suerte porque poco después de este segundo ataque Sánchez tuvo un problema mecánico y tuvo que echar pie a tierra. Eso sí, el trabajo del equipo español hizo daño. Por ejemplo, descolgó a Romain Bardet, que marchaba séptimo en la general. 


Se movieron en la subida final Ewen Costiou, Giulio Pellizzari (medio Giro en fuga) y Christian Scaroni (ídem). Para entonces marchaba solo por delante Alaphilippe. En el descenso, el bravo ciclista francés abrió algo de hueco. Empezó la subida final al Monte Pana con 18 segundos de ventaja. A cinco kilómetros fue cazado por sus perseguidores y pronto se vio que había gastado demasiado, no le quedaba fuerza. El más fuerte de los ciclistas del grupo de cabeza era Pellizzari, que se fue en solitario en busca de un sueño imposible en este Giro: ganar una etapa de montaña estando Pogacar por ahí cerca. El esloveno le regaló la maglia rosa pero le ganó, en buena lid y siendo claramente superior, la etapa



De cara a la etapa de montaña, también de alta montaña y donde está por ver si algún equipo emula lo que ha hecho hoy el Movistar o si el UAE, esta vez sí, deja hacer a la fuga, Pogacar llega ya con 7:18 sobre el segundo clasificado, que es Daniel Felipe Martínez. El colombiano del Bora, tercero en la etapa de hoy, saca ahora 22 segundos a Geraint Thomas, quien ha mostrado hoy debilidad. Al británico le acecha Ben O’Connor, cuarto en la general a poco más de un minuto del ciclista del Ineos. 

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