Pogacar, un día más en la oficina



Por un momento, durante unos pocos kilómetros, parecía que Tadej Pogacar, el amo y señor del Giro y del ciclismo mundial, iba a dejar permitir que el triunfo de etapa fuera para algún componente de la fuga del día. Ninguno era un adversario serio para la general (nadie lo es) y, tras el esfuerzo de la contrarreloj de ayer, dominando a su antojo la general y con dos triunfos de etapa ya, tenía sentido que así fuera. Pero, claro, Pogacar tenía otros planes. Correr relajado y sin gastar, vale. Empezar a pensar en el Tour de Francia, de acuerdo. Pero ganado, siempre ganado. Hasta guardando fuerzas es ambicioso. De acuerdo, debió de decir, hoy me contengo y no lanzo ataques imposibles de seguir por mis rivales lejos de meta, pero la etapa la disputo, claro que la disputo. Dicho y hecho. 

Lo de hoy es un día más en la oficina para él. Tercera victoria de etapa en ocho días del Giro que tiraniza. Todo en orden. Todo según lo esperado. Algo me dice que a Pogacar le cuesta más correr como hoy, evitar exhibiciones de lejos, que hacerlo como acostumbra. Ha debido de suponer un esfuerzo ímprobo para él aguardar para disputar el triunfo de etapa en un sprint reducido junto a los candidatos al podio. Va contra su naturaleza ser conservador. Lo ha sido, sí, pero lo justo. Nada de consentir la escapada. Si podía ganar otra etapa no iba a dejarla escapar.

Cuando un corredor domina a su antojo una gran vuelta siempre es humano que entre ciertos espectadores y comentaristas exista la ilusión de que el todopoderoso líder demuestre que es humano. Es lógico, se comprende. Pero con Pogacar resulta un tanto cándido pretender que un día afloje. Puede pasarle, claro que es humano, pero eso de que cada pequeño detalle sin importancia se interprete como una muestra de debilidad es bastante absurdo. Hoy Pogacar no ha dado el menos síntoma de que esta débil. Sencillamente ha tomado conciencia de que el Giro está más que sentenciado, quiere controlar la carrera gastando lo menos posible, pero también ganando lo máximo posible, claro. Quiere recuperar el trono de París en el Tour y no tiene ninguna necesidad de hacer alardes en las dos semana que restan de Giro. Elegiría dónde y cómo atacar, intentar ganar todo lo que pueda, pero quizá en este Giro nos demuestre que además de todo lo que ya sabemos que es capaz, también puede, si se lo propone fuerte y aunque le cueste horrores, guardar fuerzas. 

Hoy camino de Prati di Tivo, donde Pogacar ganó en la Tirreno-Adriático de hace tres años, sí hubo un momento en el que parecía que el UAE podría tomarse el día con cierta calma. Se formó una escapada numerosa y de nivel con Jhonatan Narváez, Magnus Sheffield, Alessandro Verre, Henok Mulueberhan, Simon Geschke, Valentin Paret Peintre, Georg Steinhauser, Nairo Quintana, Pelayo Sánchez, Julian Alaphilippe, Romain Barde, Alessandro De Marchi, Michael Storer y Martin Marcellusi. Pero el UAE se puso a tirar a algo más de 60 kilómetros para el final y ahí dejó claro que hoy Pogacar, para no perder las buenas costumbres, también quería ganar.

Los escapados llegaron a la cima final con su suerte echada. Ellos y todos los que no se llaman Tadej Pogacar, claro. Poco más de medio minuto de exigua renta tenía la fuga cuando empezaron las rampas. Se fue solo hacia adelante Paret Peintre, que fue cazado a poco más de cuatro kilómetros del final. Venía sufriendo Alexey Lutsenko, el ciclista de la general que antes perdió contacto con el grupo del líder. 

A 1,7 kilómetros del final atacó Antonio Tiberi. Juventud, divino tesoro. Fue atrevido el italiano y se agradece. No es que no supiera lo que iba a pasar, que lo sabía perfectamente como todo el mundo, pero al menos lo probó. Pero no tenía nada que hacer, claro. Pogacar secó sin inmutarse y sin ni siquiera ponerse de pie sobre sus pedales todos los tímidos intentos de otros ciclistas, todos los movimientos del resto de los mortales. Rafal Majka, leal gregario del líder, le preparó la llegada en los metros finales, antes de que el esloveno no diera la menor opción a Daniel Felipe Martínez, pese a que es rápido. Nadie puede con Pogacar en ningún terreno. 

Mañana, jornada con final en Nápoles que parece propicia, esta sí, para que el UAE consienta una fuga o le deje en todo caso toda la responsabilidad a los equipos de los velocistas. 



En la Vuelta al País Vasco femenina, hoy ha repetido victoria Mischa Bredewold, aunque esta vez no ha sido en un sprint masivo. La corredora del SD Worx, que es más líder de la Itzulia, ha ganado por delante de Mavi García, que atacó valiente en la rampa final, y de Juliette Labous. Mañana, jornada final de la ronda vasca en Donosti, en un recorrido con parecidos con la Clásica de San Sebastián. 

Comentarios