Merci, Loulou

 

Julian Alaphilippe correrá el próximo año en el equipo Tudor, después de once temporadas en el Soudal-Quick Step, con sus distintas denominaciones a lo largo de este tiempo. Ha sido una década extraordinariamente exitosa en la que no han faltado momentos bajos, en particular, en su relación con el patrón del equipo, Patrick Lefevere, quien lo criticó en público de forma injusta y desmedida, olvidando todo lo que Alaphilippe ha dado al equipo. Afortunadamente, parece que la despedida está siendo amistosa, como demuestra el muy interesante documental Merci, Loulou!, que acaba de estrenar el equipo y que puede verse en el canal de YouTube del Soudal-Quick Step

Es bonito que el conjunto belga sepa despedir como merece a uno de los ciclistas más carismático y uno de los mejores campeones que han pasado por la estructura del equipo de Lefevere a lo largo de su historia. El propio corredor recuerda lo más destacado de sus diez temporadas como profesional, con declaraciones de miembros del equipo. Alaphilippe y Lefevere recuerdan, por ejemplo, cuando el patrón del conjunto belga descubrió al ciclista francés con 17 años. Fue un amor a primera vista. Vieron rápidamente que había algo especial en él, que Alaphilippe tenía madera de campeón. 

El documental recuerda las grandes victorias de Alaphilippe, un corredor que tiene en su palmarés dos Mundiales de ciclismo en ruta consecutivos (2020 y 2021), seis etapas en el Tour de Francia (donde se vistió de amarillo en varias ediciones), una etapa en la Vuelta y otra en el Giro, una Milán-San Remo, tres Flecha Valona, una Strade Bianche, una Clásica de San Sebastián y una Flecha Brabanzona, entre otros logros. Un palmarés sólo al alcance de un gran campeón. Pero, como sucede con todos los grandes campeones, más importante aún que si palmarés es su carisma, su forma de conectar con el público, las emociones que despierta. 

Alaphilippe es único no sólo su palmarés, que desde luego muy pocos corredores pueden igualar, sino por su forma siempre valiente y atrevida de correr, con un punto incluso de locura. Es, además, un ciclista muy emotivo, que nunca ha tenido problema en mostrar sus emociones. Lloró sin parar al ganar su primer Mundial. Se emocionó al ganar una etapa en el Tour poco después de la muerte de su padre y también otro año cuando venció en la mayor carrera ciclista del mundo poco después del nacimiento de su hijo. 

Por lo que cuentan los miembros del equipo en el documental, Alaphilippe es además alguien especialmente amable y cariñoso con quienes lo rodean. Cuentan que le gusta especialmente enseñar a los ciclistas más jóvenes y que su sonrisa es perpetua, que es de esas personas que generan buen rollo, lejos de los egos de los campeones. Un tipo cercano y sencillo, un libro abierto, alguien que no conoce la impostura, que es auténtico siempre.

Me ha gustado mucho, en fin, este documental, porque es un bonito detalle con alguien que lo ha dado por el Soudal-Quick Step durante la última década, porque permite recordar varios de los momentos más emocionantes de estos once años de ciclismo y también porque ayuda a situar a Alaphilippe en el lugar destacado que merece y que no sé si siempre se le ha reconocido como debía. Forma parte Alaphilippe de una estirpe de corredores valientes, siempre al ataque, que lo se guardan nada ni conocen el conservadurismo encima de la bicicleta. Son ciclistas imprescindibles, que hacen siempre mejores, más abiertas y más entretenidas las carreras. Alaphilippe es un corredor imprescindible y ojalá en el equipo Tudor viva una segunda juventud y pueda seguir construyendo recuerdos a una carrera memorable. 

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