Eddy Merckx, Federico Martín Bahamontes, Felice Gimondi, Raymond Poulidor, Fabio Casarteli, Laurent Jalabert, Joaquim Rodríguez, Andreas Kron…e Isaac del Toro. Son los nombres de algunos de los vencedores en Montjuic en las distintas carreras ciclistas que han terminado en la colina barcelonesa, del Mundial a la Volta a Catalunya, de los Juegos Olímpicos a la Vuelta a España, de la extinta Escalada a Montjuic al Tour de Francia, que hoy ha vuelto a rendir visita a este escenario crucial de la historia de Barcelona, que desde hoy suma un nuevo hito a su larga lista de experiencias vividas en este monte que es centinela de Barcelona.
Montjuic ha sido el escenario de una exhibición portentosa del equipo UAE, porque ha ganado Del Toro gracias a su potencia extraordinaria, sí, pero también porque Tadej Pogacar, su líder, el vigente ganador de la carrera, el mejor ciclista del mundo, ha ido vigilando la distancia respecto a sus rivales, en especial, su gran adversario, Jonas Vingegaard (Visma-Lease a Bike). No es tanto que Pogacar le haya dejado ganar a Del Toro, porque eso sería hacer de menos al ciclista mexicano, pero sí digamos que lo ha escoltado hacia la victoria, que se ha asegurado de que el triunfo quedaba en casa. Ha ganado Del Toro. Primera victoria de etapa en el Tour para el joven prodigioso que debuta este año en la carrera francesa.
Una de las muchas cosas buenas de vivir carreras ciclistas in situ, como estoy teniendo la suerte de poder hacer estos días en la Grand Départ del Tour, es hablar con otros aficionados. Ayer charlé un buen rato con una familia de mexicanos que acudan a ver la carrera, claro, pero sobre todo a ver a Del Toro. Me contaban que en su país ha crecido mucho el interés por el ciclismo gracias al fulgurante éxito del corredor del UAE, elegido el año pasado mejor deportista mexicano. Las administraciones públicas y muchas empresas quieren patrocinador clubes y carreras ciclistas. El fenómeno Del Toro lo ha cambiado todo en aquel país. No puedo ni imaginar la efusividad de esos aficionados mexicanos con los que compartí ayer unas cuantas horas de charla y pasión ciclista ante la victoria de hoy.
Si ayer el Visma-Lease a Bike de Vingegaard demostró su poderío al ganar la crono por equipos, hoy el UAE ha controlado a su antojo la primera etapa en línea de la carrera, con un inmenso Brandon McNulty marcando el ritmo en las dos primeras ascensiones al Castillo de Montjuic, con Adam Yates tomándole el relevo en la última subida y luego con el recital mano a mano de Del Toro y Pogacar. Día redondo para el equipo emiratí.
No va a olvidar Del Toro la cota de Montjuic, cuyo origen etimólogo (“monte judío”) parece referirse a un cementero judío antiguo, y donde se asentó el primer grupo de iberos que poblaron la ciudad. Es un escenario fundamental para entender la historia de Barcelona y, desde hoy, también en la del ciclista mexicano. Lugar de defensa de la ciudad, escenario de momentos históricos en su Castillo, Montjuic fue también sede de la Exposición Universal de 1929, que fue cuando se construyó el monumental Palacio Nacional de Cataluña, que acoge hoy el Museo Nacional de Arte de Cataluña, que hoy ha contemplado desde las alturas el paso de la serpiente multicolor que compone el pelotón del Tour. La colina está estrechamente ligado al deporte. Aquí se encuentran el Palau Sant Jordi y el Estadio Olímpico, sede de los Juegos que cambiaron Barcelona para siempre.
Las rampas de Montjuic son el aliciente más exigente y entretenido que ofrece la ciudad para el ciclismo. Aquí termina cada año la Volta a Catalunya y aquí llegaron también el Mundial y la Vuelta a España, entre otras carreras. El Tour sabe bien el potencial de esta colina. Su director, Christian Prudhomme, ha contado más de una vez que tenía claro que Montjuic debía jugar un papel protagonista en este Grand Départ de la carrera. Ayer acogió el final de la crono por equipos inaugural y hoy ha redoblado su apuesta con una etapa muy exigente, que ha incluido una triple ascensión a Montjuic. Ha sido un bellísimo in crescendo de emoción hasta la victoria final de Del Toro.
La primera escapada de esta edición del Tour la formaron Alex Molenaar (Caja Rural-Seguros RGA), Frank Van der Broeck (Picnic-Post NL) y Felix Engelhardt (Jayco-AlUla), a quienes el pelotón dejó hacer, y a quienes no pudo alcanzar Baptiste Veistroffer (Lotto-Intermarché), que saltó en su persecución.
Del Toro, luego ganador, sufrió un problema mecánico a algo más de 60 kilómetros de meta y ningún compañero lo esperó, aunque el ciclista mexicano llegó con facilidad a la altura del gran grupo. Después quien tuvo que cambiar de bici fue Paul Seixas (Decathlon CMA CGM), que no se puso nervioso y se reincorporó. Como le dio la bici otro compañero, el joven francés volvió a detenerse después para correr la parte final con una bici adecuada. En días así se aprende la dureza del Tour y fue buena señal la sangre fría que mostró. Se dio un buen calentón, pero también fue capaz de alcanzar el gran grupo e incluso de intentar disputar la victoria final, aunque le ha faltado punch y sólo ha podido ser octavo.
A 30 kilómetros de meta fueron cazados Molenaar y Engelhardt, los dos últimos supervivientes de la fuga. El ciclista del Caja Rural-Seguros RGA es el nuevo líder de la montaña del Tour, así que hoy ha dado presencia al equipo en la carrera y en el podio, y mañana vestirá el maillot blanco a puntos rojos. Excelente rendimiento para un equipo invitado y debutante en el Tour. En la última ascensión a Montjuic se esperaban movimientos de los favoritos, pero quien atacó ya en la cima fue Tobias Johannesson (Uno-X), con Richard Carapaz (EF) a rueda. No abrieron camino. En el descenso saltó Mattias Skjelmose (Lidl-Trek) y tras él saltó, lanzado, Del Toro. El resto es ya historia del Tour, de Montjuic y de Barcelona. E historia también en el recuerdo de quienes hemos gozado de otro extraordinario día de ciclismo en una Barcelona radiante.
El de hoy ha sido uno de esos días en los que parece que Barcelona no puede lucir más bella, pero resulta que sí podía, siempre puede superarse; esta vez, porque se vistió un día más de fiesta para celebrar el paso del Tour de Francia. Barceloneses, turistas y aficionados al ciclismo de todo el mundo, cicloturistas, curiosos, de aquí y de allá, con banderas portuguesas, holandesas, danesas, eslovenas, uruguayas, irlandesas. brasileñas, españolas, colombianas, ecuatorianas, mexicanas, marroquíes (aún de resaca por la celebración de ayer) o palestinas (porque hay injusticias que nunca se deben dejar de denunciar). Ambiente festivo, en todo caso. Un día más, todos los acentos, niños y mayores, decididos a vivir el segundo capítulo del Grand Départ del Tour como lo que es, una oportunidad única de acercarse a la mayor prueba ciclista del mundo. La caravana publicitaria, todo un espectáculo, hace más entretenida la espera. También el paso de los buses de los equipos, que hacen sonar sus cláxones. El ambiente no puede ser más espectacular.
Aunque el día es un poco más caluroso de lo deseable, ya bien metidos en la segunda ola del calor del verano, el lugar desde el que he esperado la llegada del pelotón, el ligero viento y las fuentes de Montjuic, que por algo las llaman mágicas, hacían llegar una brisa agradable. Mientras, los ciclistas se iban acercando. La señal definitiva de que la espera toca a su fin es el sonido del helicóptero de televisión. Hasta los ciclistas llegó también ese leve refresco de las fuentes, aunque pasaron a tal velocidad que no debieron darse cuenta. Tampoco les dio tiempo a contemplar la apabullante belleza de la imagen, con el Palacio Nacional de Cataluña al fondo, y las escaleras de las fuentes de Montjuic repletas de aficionados, igual que el resto de zonas de paso de la carrera
Mientras esperaba la llegada de los ciclistas donde estaba situado el comienzo del circuito final de la etapa, he terminado de leer Mujeres elegantes, de la escritora barcelonesa Milena Busquets. En uno de sus últimos capítulos, la autora escribe que “en cierto modo, estamos en deuda con todas las personas y los lugares que nos han hecho soñar, lo sepan ellos o no”. Estoy muy de acuerdo con ello y, en consecuencia, me siento en deuda con Barcelona, con el Tour y con los ciclistas que nos hacen vibrar, Cuánto me han hecho soñar el Tour y Barcelona, cuánto me seguirá haciendo soñar el recuerdo de estos días memorables en los que la mayor carrera ciclista del mundo y la ciudad de los prodigios se han dado la mano.
Pero no digamos adiós todavía, porque mañana se disputa la tercera etapa, la última que transcurría en parte por Cataluña, antes de que el Tour entre en Francia. Granollers acogerá la salida y ahí estaremos para apurar al máximo estos días en los que el Tour ya hablado catalán y Barcelona ha sido capital mundial del ciclismo.




Comentarios