Vingegaard vence a Pogacar en Barcelona

Cuando Dalí dijo aquello de que el verano terminaba cuando las bicicletas llegaban a París en referencia a la etapa final del Tour de Francia, el genio ampurdanés no podía imaginar que algún día la carrera ciclista más importante del mundo echaría a rodar desde Barcelona. En cierta forma, el verano ha empezado hoy aquí, en la capital catalana, porque el Tour es el centro de todos nuestros veranos, el gran constructor de recuerdos estivales felices para millones de personas en todo el mundo, no necesariamente aficionados al ciclismo, porque el Tour es el Tour. 

Sin duda, los recuerdos de la tarde de hoy en Barcelona, en la que Jonas Vingegaard se ha enfundado el primer maillot amarillo de líder tras la victoria de su escuadra, el Visma-Lease a Bike en la contrarreloj por equipos, pasarán a ocupar un lugar destacado en la memoria de las cientos de miles de personas que hemos seguido la etapa inaugural de la ronda gala en las calles barcelonesas. También han subido al primer podio de este Tour Juan Ayuso (Lidl-Trek), como mejor joven, tras una excelsa crono de su equipo que quizá podrían haber ganado sin la mala suerte del pinchazo de Mattias Skjelmose; Tadej Pogacar (UAE) como líder de la montaña, porque la suya fue la ascensión final más rápida, cuando ya se quedó solo, y Egan Bernal (Netcompany-Ineos), como improbable líder de la regularidad, gracias al buen rendimiento de su equipo, en especial, en el primer tramo de la crono. 



He tenido la suerte de vivir in situ esta etapa, así que lo de hoy no puede limitarse a ser una crónica más de una etapa del Tour. Porque ha sido un día precioso, uno de los más bellos que he vivido en Barcelona, y he vivido unos cuantos, y también uno de los mejores, ahora mismo diría que el mejor,  en una carrera ciclista, y llevo toda la vida disfrutando de pruebas ciclistas. Han valido la pena las horas de espera bajo el sol en un día más bien caluroso, a las puertas de una nueva ola de calor. Por cierto, el ciclismo no va a poder postergar por mucho tiempo el debate sobre el impacto del cambio climático en su horario tradicional, el de más calor. En especial, las carreras que se disputan en verano. Pero ese es otro tema. 

He podido ver la etapa unos pocos metros después de la línea de meta, frente al podio. Además, ha sido una espera muy entretenida charlando con un cicloturista francés que sigue con su bici cada año como mínimo diez etapas del Tour, y también con aficionados de México (volcados, claro, con Isaac del Toro), Colombia (felices de volver a ver a Bernal en el podio del Tour) y Ecuador (entregados a Richard Carapaz). También con un niño al que cedimos el puesto al lado de la valla y cuya mirada ilusionada lo decía todo sin necesidad de palabras de la emoción que en tantas personas, más y menos jóvenes,  provoca esta bellísima Grand Départ del Tour de Francia. Bellísima y extraordinariamente bien organizada, por cierto. En parte, gracias a la entrega generosa de más de 7.000 voluntarios. También gracias al buen entendimiento entre las distintas administraciones. A veces hacemos las cosas bien y no está mal celebrarlo. 



Así que hoy, 144 años después de la primera carrera ciclista organizada en Barcelona, con motivo de la fiesta mayor de Gracia del año 1882, el Tour de Francia, el je fue creado en 1903, ha comenzado su 113 edición desde la ciudad de los prodigios. No lo olvidaremos. Ha sido un día apasionante de ciclismo, una fiesta popular deslumbrante en torno al Tour, que ha contado con una masiva presencia de aficionados. En las calles de Barcelona, primero, y sobre todo en la ascensión a Montjuic, después, ha empezado a escribirse la historia de este Tour. Dentro de tres semanas, cuando la carrera llegue a París y, siguiendo a Dalí, termine el verano, la historia será quizá diferente, o no, pero hoy los ciclistas que quieren brillar en la ronda gala han afrontado el primero de los muchos retos que tendrán por delante, una contrarreloj por equipos.


El éxito arrollador de la etapa de hoy responde en gran medida a  un triple acierto de la organización del Tour: elegir a Barcelona, que ha respondido a la perfección; plantear un recorrido exigente en esta crono inaugural, con Montjuic como juez, y tomar el tiempo del primer ciclista que cruzaba la meta como el tiempo de su equipo. Ha sido una novedad inteligente, porque la etapa ha mantenido la emoción y la imagen del esfuerzo colectivo de cada contrarreloj por equipos, pero en su parte final se convertía en una crono individual, con el líder o el más especialista en la contrarreloj de cada equipo haciendo un gran último esfuerzo para marcar el mejor tiempo y aspirar al liderato en la general. A veces el ciclismo tiene demasiado miedo a innovar y es muy positivo que el Tour sea abanderado de cambios como este, que amplían el espectáculo y la emoción



Gracias al soberbio estado de forma con el que llega al Tour tras imponerse en el Giro, y también gracias a la solidez de su equipo, Vingegaard es el primer líder de la carrera con ocho segundos de ventaja sobre Filippo Ganna (Netcompany Ineos) y doce sobre Pogacar. No es que doce segundos sea una renta gigantesca, pero sí es la primera victoria del danés frente al esloveno en su duelo sin fin en la carrera más importante del mundo, que los dos llevan más de un lustro protagonizando casi en exclusiva. Primera victoria moral para Vingegaard. Cuanto más fuerte esté el danés, segundo en las dos últimas ediciones del Tour, mejor para la carrera, porque nos regalará más espectáculo y un duelo más emocionante entre estos dos titanes del ciclismo

Los compañeros de equipo que más han resistido a la rueda de los dos grandes dominadores del Tour han sido Isaac del Toro, sexto en la general a 26 segundos, tal sólo a 12 segundos de su líder, a quien por algo Pogacar señaló, medio en serio, medio en broma, como candidato a la general, y Davide Piganzoli, que viene de hacer el Giro también como lugarteniente de Vingegaard, y que es séptimo a 28 segundos.  


El Visma-Lease a Bike, el Netcompany-Ineos y el UAE han rendido al nivel altísimo que se esperaba de ellos. Quizá quien ha sorprendido para bien ha sido el Lidl-Trek de Juan Ayuso, que es el cuarto de la general a 16 segundos de Vingegaard. No sólo por el tiempo marcado en meta, sino porque un pinchazo de Skjelmose le hizo perder tiempo. Es ciencia ficción, pero no resulta nada descabellado pensar  que podría incluso haber ganado la etapa hoy sin ese infortunio. Ayuso, de momento, viste el maillot blanco del mejor joven, lo cual seguro que le hace feliz, aunque lamente haber podido enfundarse el amarillo de líder. Lo más importante es que ha demostrado llegar a muy buen nivel. 

Por su parte, Remco Evenepoel (Red Bull-Bora), campeón del mundo contrarreloj, ha logrado su primera victoria ante su compañero y colíder, Florian Lipowitz, quien no ha podido seguir su ritmo en los metros finales. Ahora Evenepoel es quinto a 19 segundos y Lipowitz, octavo a 37. Paul Seixas (Decathlon- CMA CGM) es décimo a 39 segundos. No ha sido una mala crono, teniendo en cuenta además que su escuadra es sensiblemente menos fuerte que el resto. Ha sido el equipo con el sexto mejor tiempo. 


Tras disfrutar de la ceremonia de podio, que desata la locura del público, bajo tranquilamente hacia la ciudad, pensando que a partir de ahora cada vez que mira hacia Montjuic recordaré con una sonrisa este día inolvidable en el que el Tour salió desde Barcelona. Pienso también en lo maravilloso que es comprobar que el ciclismo sigue siendo el deporte más cercano, diría que casi el único en el que se puede ver tan cerca a las mejores estrellas del mundo sin pagar un euro. Pienso, en fin, en lo bien organizado que ha estado todo, en lo feliz que he sido, que soy, gracias a esta aventura del Tour en Barcelona. Son momentos así los que le dan sentido a la vida


Esto no ha hecho más que empezar. Para el Tour y también para las posibilidades de poder seguir disfrutando de la mejor carrera ciclista del mundo en Cataluña. Mañana será el turno de la primera etapa en línea, que saldrá de Tarragona y volverá a terminar en Barcelona, com triple subida  a Montjuic, que invitará a ver ataques y, quién sabe, tal vez a los grandes de la general el acción. ¿Querrá Pogacar tomarse la revancha? Allí estaremos para vivirlo y para contarlo. 

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