Barcelona abraza el Tour con una presentación memorable

 

Vaya tarde la de aquel día, Barcelona. Qué inolvidable fiesta la de este 2 de julio de 2026. El Tour de Francia es un acontecimiento deportivo de primer nivel, la mayor carrera ciclista del mundo, pero también es una poderosa plataforma de promoción para las ciudades por las que transita. Lo sabe bien Barcelona, que ya deslumbró al mundo en los Juegos Olímpicos de 1992, también mucho más que un evento deportivo. La ciudad se ha volcado con el Grand Départ del Tour, que acogerá el próximo sábado, y hoy de momento nos ha regalado la más espectacular presentación de equipos que se recuerda en la centenaria prueba ciclista. 



Ha sido un día memorable en Barcelona. Otro más. La ciudad ha abrazado el Tour con la Sagrada Familia de fondo, ese asombroso proyecto de Gaudí más allá de lo terrenal y de lo real, y con un espectáculo que ha combinado música, danza, circo y hasta algo de ciclismo. Ha sido una tarde sensacional. Escribo estas líneas tras unas cuantas horas al sol, deslumbrado por la inmensa fiesta que ha organizado la ciudad, pero si alguna exageración o hipérbole incluyo no será por efecto del calor, sino por el encanto de un acto memorable de inicio a fin, una fiesta en la que Barcelona y el Tour han demostrado que, en efecto, como dice el eslogan de esta gran salida de la carrera francesa, hacen un buen tándem. Ha dicho durante la presentación su alcalde, Jaume Collboni, que cuando Barcelona quiere, Barcelona puede y, politiqueos al margen y sin entrar en detalles, en días como hoy es imposible quitarle la razón


Ha querido Barcelona acoger la gran salida del Tour, lleva más de una década queriéndolo, y por fin este sábado lo logrará. Y ha querido organizar hoy  un espectáculo soberbio en lugar de la típica presentación de equipos y, por supuesto, ha podido hacerlo con esa mezcla de belleza, eficiencia, emoción y orgullo de ciudad que exhibe la Barcelona de las grandes ocasiones. Ha sido un acierto hacer la presentación frente a la Sagrada Familia, tras un recorrido en bicicleta de los equipos desde el Recinto Modernista de Sant Pau, y ha sido también un acierto cada detalle del espectáculo. Cuando subían al escenario, los ciclistas se quedaban asombrados mirando hacia arriba. No suelen tener tiempo cuando están en competición de pararse a ver los lugares por los que pasan, pero hoy, día de fiesta, rodeados de una multitud de público, era un día para disfrutar. Y parece claro que lo han hecho. Algunos hacían selfies, otros lanzaban sus bidones y no pocos se giraban para mirar a lo más alto de la Sagrada Familia bajo la que se ha celebrado esta presentación única. 

Cinco horas antes del comienzo del acto ya había algún aficionado guardando sitio bajo el sol. Algo después de eso, pero no demasiado, tras comer, me uno a ellos. Me encanta escuchar tantos cantos e idiomas, verme rodeado de personas de tanto países unidos por la afición al ciclismo, quizá el único deporte que aplaude a todos los corredores por igual. Colombianos deseosos de aplaudir a Egan Bernal, pero admiradores también de Tadej Pogacar, eslovenos que quieren ver a su ídolo patrio, pero que aplauden con ganas a su gran rival, Jonas Vingegaard. Y también franceses entregados a la fiesta de su carrera y esperanzados con Paul Seixas, que a sus 19 años, lejos de quitarse presión, dice que el casa entrevista que viene al Tour pensando en la general. Y también, entre otras nacionalidades, personas de Chile, Argentina, Ecuador. 


El calor aprieta, pero las charlas sobre el ciclismo ayudan a amenizar la espera. Cuando abren una valla y nos permiten situarnos aún más cerca del escenario se desata la locura. Me alegra especialmente ver la emoción de un niño, maravillado ante la esperanza de poder ver de cerca a sus ídolos. Todos somos hoy un poco ese niño. Y deberíamos serlo más a menudo. Una hora antes de la presentación comienza la previa, una especie de ensayo (iba a escribir calentamiento, pero la temperatura ya era suficientemente elevada en todos los sentidos). El tiempo se pasa más rápido y además así podemos ver el primicia lo que nos espera en el espectáculo oficial, el que retransmitirá la televisión: música, clubes ciclistas de Barcelona y alrededores, circo, acrobacias, castellers, danza, teatro… 



El espectáculo promete. Y, mientras descubrimos las representaciones culturales que llevarán el acto a otra dimensión, mucho más allá de la simple presentación de equipos, los aficionados, también nos entretenemos viendo pasar cerca a caras conocidas como Miguel Indurain, que llega pedaleando a la Sagrada Familia, o Mark Cavendish, que pasa al lado, para emoción de ese niño y de todos los demá. Ciclistas ya retirados pero disfrutando del Tour, esta carrera en la que ambos hicieron historia y que tantas alegrías les dio. 



El espectáculo comienza con Sílvia Pérez Cruz y, com cualquier cosa que comience con ella, es maravilloso de inicio a fin. Su voz única es el mejor inicio posible al acto, que presentan los periodistas Carlos de Andrés, Elisenda Pineda y Jordi Basté. A la presentación de los equipos se suman distintas actuaciones musicales, de danza y de circo. No falta, por supuesto, la marchosa representación de Energía!, el tema que Doctor Prats ha compuesto para esta Grand Départ, que es más que pegadizo, ese adjetivo se le queda corto. El espectáculo, dirigido por Martí Torras Maynerie, termina con un impresionante castell de los castellers de Barcelona y de la Sagrada Familia. Esa torre humana, una de las más impactantes representaciones de la cultura popular catalana, es el final más bello del espectacular posible, con la Sagrada Familia de Gaudí de fondo.



En lo estrictamente deportivo, aunque lo de hoy, ya digo, ha ido mucho más allá de lo deportivo, los ciclistas entrevistados se han mostrado encantados de partir desde Barcelona y listos para afrontar un nuevo Tour de Francia. Pogacar, especialmente asombrado ante la majestuosidad y la grandeza de la Sagrada Familia, apenas ha podido terminar de hablar, porque el público ha empezado a corear Pogi, Pogi. Es lo que tiene ser uno de los mejores deportistas de la historia y el mejor ciclista del mundo. El simple hecho de estar cerca de él ilusiona. Es el gran candidato a ganar el Tour, que sería su quinto, y que nos regalará muchas historias en las tres próximas semanas. De momento, se ha presentado con un espectáculo en la que la Barcelona de las mejores ocasiones ha abrazado a la mayor carrera ciclista del mundo como sólo esta ciudad sabe hacer. Que siga la fiesta.   

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