Brandon McNulty se ha proclamado por sorpresa campeón del mundo tras más de seis horas de alocada carrera que nos han recordado por qué el Mundial suele ser el mejor día del año. Lo de hoy ha sido un festival, una carrera con mil alternativas, bellísima y muy igualada, en la que todo ha estado abierto hasta el final. Un espectáculo descomunal en el que el ciclista estadounidense, que no había logrado ninguna victoria este año, se ha llevado contra todo pronóstico el maillot arcoíris, mientras que el australiano Michael Matthews se ha llevado la plata y el neerlandés Mathieu Van der Poel, bronce.
McNulty, compañero de equipo de Pogacar en el UAE, reconoce en meta que cuando empezó la carrera hace unas cuantas horas no pensaba que podía ganar la carrera, que hizo alguna broma con su mujer al respecto, pero no podía imaginar lo que finalmente ha conseguido, tras un soberbio trabajo de equipo de la selección estadounidense. Un arcoíris sorpresa en Montreal como perfecto colofón a unos mundiales preciosos.
Ante la ausencia de un gran dominador, por la baja de Tadej Pogacar, este Mundial élite masculino ha sido como una carrera de videojuego, porque ciclistas que ya nadie esperaba, porque se habían quedado cortados, de repente aparecían y atacaban, otros que se habían mostrado muy fuertes sufrían de pronto, los favoritos se quedaban cortados a alambrados, algunos que no parecían invitados a la fiesta se colaron de pronto sin pedir permiso y todos llegaron a meta extenuados.
Muy pronto se formó una escapada con el esloveno Tilen Finkšt, el noruego Andreas Leknessund, el alemán Felix Engelhardt, los eritreo Biniam Girmay y Henok Mulueberhan, el irlandés Jamie Meehan, el canadiense Guillaume Boivin, el letón Emils Liepins, el ucraniano Heorhili Antonenko, el serbio Mihajlo Stolič, el panameño Cristofer Jurado, el mauriciano Alexandre Mayer, el rumano Iustin-Ioan Vaidian, el chipriota Andreas Miltiadis, el bermudeño Karen Hopkins y Amir Ansari, del equipo de los refugiados.
No era una escapada que amenazara a los favoritos. Al frente del pelotón se pusieron a controlar la distancia la selección británica de Tom Pidcock, la belga de Remco Evenepoel y Wout Van Aert y la neerlandesa de Mathieu Van der Poel. La ventaja se acercó a los ocho minutos. A 165 kilómetros de meta, la selección francesa de Paul Seixas se puso a tirar del pelotón con fuerza, lo que provocó que la distancia con el grupo de cabeza se redujera con rapidez. Decía mucho de la ambición de Seixas el trabajo de su compatriota Bruno Armirail para endurecer la carrera. Cuando quedaban nueve vueltas al circuito para el final de la carrera, la distancia había caído por debajo del minuto.
Los cuatro supervivientes de la fuga fueron neutralizados a algo más de 100 kilómetros del final, cuando faltaban ocho vueltas. Justo después intentó marcharse en solitario varias veces el francés Jordan Jegat, aunque no abrió hueco. Para entonces, el español Enric Mas, ganador de la Vuelta, y el austriaco Felix Gall, segundo, perdían contacto con el grupo principal.
Poco después lo probaron otros corredores como el esloveno Gal Glivar o el noruego Anthon Charmig, que sí se fue en solitario, aunque fue alcanzado a algo más de 90 kilómetros de meta cuando se produjo el primer corte serio de la carrera, con varios de los favoritos implicados, incluidos Van Aert, Evenepoel y Van der Poel. Marcel Camprubí entró en representación del equipo español.
Aquel corte no llegó lejos, pero no tardaron en llegar nuevos ataques. Se marcharon hacia adelante el belga Wout Van Aert, el neerlandés Mathieu Van der Poel, el noruego Anthon Charmig, el británico Oscar Onley, el estadounidense Quinn Simmons y el esloveno Primoz Roglic. Los seis ciclistas se entendieron bien y lograron una ventaja de 40 segundos con el pelotón, del que tiraba la selección francesa de Paul Seixas y la mexicana de Isaac del Toro, pero ambos equipos estaban ya bastante diezmados, así que Del Toro asumió la responsabilidad en primera persona, con Remco Evenepoel a rueda.
El acelerón de Del Toro, al que sucedió un siempre ambicioso Seixas, permitió recortar drásticamente la distancia con los seis ciclistas de cabeza. A 74 kilómetros de meta Van der Poel lanzó un ataque descomunal que sólo pudieron responder Simmons y Onley, aunque en la siguiente vuelta llegó a su altura Roglic. En el grupo del resto de candidatos no hubo entendimiento y entraron más ciclistas, lo que provocó un parón que elevó por encima del minuto la ventaja del terceto de cabeza. Italia, que contaba con tres representantes en ese grupo, se encargó de tirar, mientras Seixas y Del Toro dejaban hacer al equipo transalpino. Los que sí lo probaron fueron el irlandés Ben Healy, el británico Tom Pidcock y el estadounidense Matteo Jorgenson, que abrieron camino y alcanzaron a Van Aert y a Charmig. Poco después, a 60 kilómetros de meta, aceleró de nuevo Del Toro, con Seixas tras él. Llegaron con mucha facilidad a la altura del grupo perseguidor. Volvió a haber reagrupamiento.
A cuatro vueltas del final, Healy, siempre al ataque, saltó en persecución del grupo de Van der Poel, quien volvió a atacar en la subida más dura del circuito. Sólo Simmons y Roglic pudieron seguir el demarraje del ciclista neerlandés. Por atrás, de nuevo, Del Toro aceleró, y de nuevo con Seixas a rueda. Un constante déjà vu, muchos esfuerzos que terminaron pasando factura al mexicano y al francés. Healy terminó cazando al grupo delantero a 38 kilómetros del final. Justo entonces, por detrás, Del Toro volvió a atacar, en un movimiento que terminó provocando un reagrupamiento antes de las dos últimas vueltas. Juan Ayuso se quedó algo cortado y no fue capaz de llegar a ese grupo.
A 32 kilómetros del final, aprovechando el desconcierto, abrió camino McNulty, que llegó a tener una ventaja superior al minuto. Fue el momento clave del Mundial.
En la penúltima vuelta al circuito, Del Toro, que había incontables ataques, se quedó descolgado, aunque luego logró volver a conectar, mientras que Seixas se mantuvo en el grupo perseguidor, pero dio muestras de tener calambres e ir al límite. Lo probó una y otra vez Pidcock, cuyos cambios de ritmo acortaron la distancia con el ciclista estadounidense. Después también aceleraron Healy y Ciccone, antes de que saltara Evenepoel, que parecía totalmente descartado unos pocos kilómetros atrás.
McNulty entró en la última vuelta con un minuto de ventaja sobre el grupo perseguidor. Ciccone y Pidcock atacaron en la última subida a la cota más dura y se lanzaron hacia adelante, aunque los otros perseguidores los mantuvieron a la vista. Cuando les dieron caza hubo un parón que le dio un respiro a McNulty.
A siete kilómetros del final aceleró con mucha potencia Van der Poel, en un último intento a la desesperada que no fructificó. Luego saltó también el suizo Mauro Schmid, que también andaba por ahí, y tras él, Pidcock y Jorgenson, que le dieron caza a tres kilómetros del final, aunque después el grupo de favoritos se les echó encima.
McNulty entró en la recta final con tiempo para celebrar una victoria con la que nadie contaba, la primera para un ciclista estadounidense en el Mundial 33 años después del arcoíris que se llevó Lance Armstrong. Ha sido un triunfo suyo, por supuesto, pero también una victoria de equipo, porque Simmons y Jorgenson han hecho un gran trabajo. En el grupo de los perseguidores, Matthews se impuso al sprint ante Van der Poel, uno de los grandes animadores
Juan Ayuso terminó en la posición decimotercera en un Mundial memorable con el que se cierra una semana de ciclismo del máximo nivel en Montreal.


Comentarios