Tres semanas después de la Grande Partenza en Tirana, Simon Yates (Visma-Lease a Bike) ha ganado hoy en Roma la 108 edición del Giro de Italia. El ciclista británico, que suma así dos grandes vueltas en su palmarés siete años después de imponerse en la Vuelta a España, llegó como tapado a la corsa rosa y así siguió hasta el penúltimo día. Gracias a una regularidad inusual hasta ahora para él, y a la memorable exhibición de ayer en Finestre, Yates se ha impuesto en un Giro que ha hablado español, sobre todo, por el mexicano Isaac Del Toro (UAE) y el ecuatoriano Richard Carapaz (EF), que ganaron una etapa cada uno, que han acompañado hoy a Yates en el podio final y que han sido los otros dos grandes protagonistas de la carrera.
La entrada triunfal en Roma de Yates enfundado en la maglia rosa y el triunfo en el sprint por la etapa de Olav Kooij, compañero de equipo del vencedor final de la carrera, han sido dos de las últimas imágenes de un Giro portentoso, muy abierto e igualado hasta el final, lleno de giros de guion. Es la segunda etapa de Kooij, lanzado por Wout Van Aert, quien se lleva de este Giro su triunfo parcial y la satisfacción de haber sido clave ayer en la montaña para certificar el triunfo final de Yates y hoy como lanzador inmejorable de Kooij en la volata. Un fuera de serie.
La etapa, por cierto, empezó con la bendición del papa León XIV, que ha saludado a los operadores de las maglias de las distintas clasificaciones de este Giro.
La carrera se presentaba al comienzo como un duelo entre Primoz Roglic (Red Bull-Bora) y Juan Ayuso (UAE), pero ninguno de los dos ha terminado ni siquiera la prueba. Ambos, afectados por sendas caídas. Los dos tuvieron sus momentos de protagonismo en la carrera, ya que Roglic llegó a vestir de rosa y Ayuso ganó una etapa, pero ninguno de ellos ha podido luchar por la victoria final. Y, pese a la ausencia de esos dos grandes favoritos y de otros grandes que se tuvieron que retirar, como Mikel Landa (Soudal-Quick Step), que abandonó el primer día por culpa de una caída, o Giulio Ciccone (Lidl-Trek), el Giro no ha perdido un ápice de emoción, gracias a la actitud valiente de los corredores y a un recorrido muy bien diseñado.
La gran revelación de este Giro, o quizá convendría decir la gran confirmación, ha sido la de Isaac Del Toro. Pese a su insultante juventud (21 años), el ciclista mexicano demostró en la etapa del sterrato, en la primera semana, que, como mínimo, podía ser una segunda baza para su equipo en la lucha por la general. Alcanzó la maglia rosa, mostró una solidez soberbia en las jornadas de montaña, y se afianzó como máximo favorito la la victoria final a medida que pasaban los días. Se va del Giro con una etapa, el segundo puesto y la maglia Bianca del mejor joven. Nada mal. Enfrente se encontró como gran rival a Carapaz, ciclista admirable que corre al ataque, no regatea y no busca excusas. La irrupción del ecuatoriano, en su mejor versión en años, ha sido sin duda uno de los grandes alicientes de este maravilloso Giro.
Al final de la etapa de ayer hubo cierto cruce de declaraciones entre Del Toro y Carapaz. Este último criticó al líder por no haber colaborado con él para intentar cerrar el hueco con Yates. Por su parte, Del toro reprochó a Carapaz que fuera él quien no le echara una mano cuando el británico estaba más cerca, a unos 20 segundos, así que, cuando ya se había ido más, decidió que ya que había perdido el primer puesto, no perdería el segundo. Un error indudable. En cualquier caso, es ciencia ficción ponerse a fabular qué habría pasado si se hubieran puesto de acuerdo. El Giro tiene un justo ganador y dos grandes ciclistas escoltándolo en el podio final de Roma, los dos grandes responsables de que la corsa rosa haya hablado español.
El triunfo de Simon Yates, con el plus emocional de haber certificado su victoria en el mismo puerto en el que perdió la maglia rosa en el Giro del 2018 ante Chris Froome, será sin duda lo más recordado de esta edición de la carrera italiana. Un triunfo asentado en su regularidad y en su capacidad de mantenerse en un segundo plano ante el duelo lleno de fuegos artificiales y con ataques constantes entre Del Toro y Carapaz. Yates, que fichó por el Visma-Lease a Bike esta temporada, y cuyos mejores tiempos parecían haber quedado atrás, se marcha del Giro con un triunfo sensacional, el más memorable de su carrera deportiva.
Hoy también han subido al podio de Roma los ciclistas que siguen en carrera en el UAE, mejor equipo. El conjunto emirato ha formado un muy buen Giro. No han ganado y no están acostumbrados a ello, pero sin duda su carrera ha sido sobresaliente. Y, dentro de ese equipo sólido, por cierto, ha jugado un papel no menor Igor Arrieta, que con 22 años ha firmado un más que notable debut en el Giro. El ciclista español mejor clasificado del la general es Pello Bilbao (Bahrein), que ha terminado en la posición 30 y que persiguió varios días un triunfo de etapa que se le resistió, a diferencia de Ayuso y de Carlos Verona (Lidl-Trek), que aprovechó la retirada de su líder, Giulio Ciccone, para buscar y encontrar sus momentos de gloria. Fue la suya una victoria enorme.
Mads Pedersen (Lidl-Trek), ganador de cuatro etapas y vencedor por aplazamiento de la clasificación de la regularidad, la de la maglia ciclamino, es uno de los indiscutibles nombres propios de la carrera. Igual que Lorenzo Fortunato (XDS Astana), ganador de la clasificación de la
montaña y permanentemente en fuga, ha tenido hoy también su merecido momento de gloria y reconocimiento en la ciudad eterna.
Además de los ciclistas ya citados, también han ganado una etapa en este Giro y, por tanto, merecen aparecer en esta crónica final Joshua Tarling (Ineos), Casper van Uden (Picnic PostNL), Kaden Groves (Alpecin-Deceuninck), Lucas Plapp (Jayco-AlUla), Dan Hoole (Lidl-Trek), Kasper Asgreen (EF), Christian Scaroni (XDS Astana), Nico Denz (Red Bull-Bora), Nicolas Prodhomme (Decathlon-Ag2r) y Chris Harper (Jayco-AlUla).
El top 10 de la general lo completan Derek Gee (Israel), que también ha sido muy regular; Damiano Caruso (Bahrein), incombustible, siempre motivado en la carrera de casa; Giulio Pellizzari (Red Bull-Bora), la gran sensación italiana, un joven muy prometedor; Egan Bernal (Ineos), que ha vuelto a ser protagonista en una grande para alegría de todos los amantes de este deporte; Einer Rubio (Movistar), al que se ha visto poco, pero que concluye octavo; Brandon McNulty (UAE), que ha sido también un gran apoyo para Del Toro, y Michael Storer (Tudor), que le da un puesto de honor en la general a su equipo.
Termina así un Giro que ha sido fantástico y que ha incluido una novedad interesante, una buena idea, la del kilómetro Red Bull, un sprint bonificado en cada etapa. Este Giro, con toda su dureza montañosa centrada en la última semana, ha sabido entretener y ofrecer buen ciclismo casi a diario. En una carrera de tres semanas es inevitable que haya alguna que otra etapa sosa, pero en este Giro han sido muy pocas.
Es inevitable comparar esta edición de la carrera italiana con el Giro del año pasado, en el que Tadej Pogacar arrasó, se llevó la general con una holgura gigantesca y ganó también seis etapas, las que quiso y como quiso. Lo del año pasado tuvo su indudable interés, porque siempre es fascinante ver al mejor corredor del mundo firmar una obra maestra y agrandar su leyenda, pero llegar a la última etapa de la carrera sin saber quién ganará y poder ver ataques entre los favoritos casi a diario, con alternativas y giros de guión, es muy, muy emocionante. Ha sido una gran carrera. El Giro, la más bella y dura de las tres grandes, deja el listón muy alto para el Tour y la Vuelta. Que siga la fiesta.




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