Carapaz deslumbra y Del Toro logra el podio con Pogacar como gregario



Lo de hoy en el Tour no ha sido una etapa, ha sido un monumento al ciclismo. De la etapa reina de hoy de la Grande Boucle podemos decir lo mismo que aquel poema de Walt Whitman, que contiene multitudes, porque han sido múltiples los intereses y las batallas que ha encerrado este inolvidable día de ciclismo en los Alpes, emocionante de inicio a fin. 

Han confluido muchos duelos, todos espectaculares: la búsqueda del triunfo de etapa y la de la clasificación de la montaña, ambas ganadas magistralmente por Richard Carapaz (EF), uno de los grandes protagonistas de este Tour; la disputa por el tercer puesto del podio, que ha certificado Isaac Del Toro (UAE), con el líder, Tadej Pogacar (UAE) ejerciendo de gregario para él en su duelo con Paul Seixas (Decathlon CMA CGM), y la batalla por el maillot verde, que ha ganado ya matemáticamente Mads Pedersen (Lidl-Trek) tras una nueva exhibición. Todo ello en un día en el que Juan Ayuso (Lidl-Trek) ha demostrado con valentía que más vale morir de pie que vivir arrodillado y en el que un siempre ambicioso Remco Evenepoel (Red Bull-Bora) se ha dado el lujo de atacar en el Alpe d’Huez y saca tiempo a Pogacar, aunque fuera porque el esloveno estaba en modo gregario de Del Toro. 

Entre las múltiples virtudes de Pogacar, que mañana ganará su quinto Tour de Francia con el que igualará a Merckx, Hinault, Anquetil e Indurain, está su sinceridad en las entrevistas. El esloveno dejó claro desde que ganó la etapa de ayer que hoy su objetivo central iba a ser ayudar a su compañero de equipo, Isaac del Toro, a certificar su tercera posición en la general. Dicho y hecho. El amo y señor del ciclismo mundial, que podría haber ganado con facilidad la etapa de hoy, ha ejercido como gregario para Del Toro. Un admirable y muy inusual gesto de un gran campeón. 

Empezó a tirar Pogacar en la ascensión a Galibier. Lo nunca visto. El maillot amarillo del Tour trabajando para un compañero. A más de 60 kilómetros de meta el líder marcó el ritmo que quiso su compañero para descolgar a Paul Seixas, el rival del mexicano por el podio. En el Col de Sarenne, Seixas puso a su coequipier Nicolas Prodhomme a tirar del grupo del líder y a él se sumó Matthew Riccitello, que venía de la fuga. 

Se veía justo al ciclista francés, pero es justo reconocer que al menos lo ha intentado y que lo conseguido, este cuarto puesto final, es un resultado extraordinario. Cuando Seixas se quedó sin compañeros y Del Toro vio que el francés no atacaba, el mexicano le hizo un gesto a Pogacar poco antes de ponerse él mismo a tirar y de descolgar al bravo corredor francés, que hizo todo lo que pudo y al que, naturalmente, sólo queda felicitar por su extraordinario debut en el Tour con 19 años. En ese momento, Del Toro volvió a ser gregario de Pogacar y se puso a tirar, aunque por poco tiempo, ya que enseguida le dio el relevo de nuevo Pogacar, líder al servicio de su coequipier. Sólo Evenepoel y Lenny Martinez (Bahrein) aguantaron al lado de los ciclistas del UAE. 


A unos tres kilómetros del final, Evenepoel atacó y Pogacar podía perfectamente irse tras él, pero decidió quedarse con Del Toro para echar una mano a su compañero. La foto de ambos entrando juntos en meta haciendo el gesto de los cuernos de un toro, en alusión al apellido del mexicano, es una de las imágenes de este Tour. En realidad, ya desde la primera etapa en línea, aquel precioso día de ciclismo en Barcelona con final en Montjuic, quedó claro que Pogacar tenía tan dominada la carrera que podía permitirse refrenarse para dejar ganar a Del Toro y ponerse a su servicio. La entrega generosa de Pogacar habla muy bien de él y del poderío del UAE, pero, por supuesto, no resta ni un ápice de mérito al hecho de que Del Toro vaya a acabar en el podio su primera participación en el Tour de Francia con sólo 22 años. Es algo que sólo está al alcance de los mejores. 

Evenepoel entró en meta lamentándose por haberse quedado cerca de ganar la etapa, fue segundo. Y en esa imagen está comprimida toda la grandeza del ciclista belga. Nunca se conforma, siempre quiere más. Está lejos de ser un escalador puro, pero ha trabajado durante años para ser competitivo en la alta montaña, requisito indispensable para brillar en las grandes vueltas. Se ha entrenado específicamente para ello, ha perdido peso y lo ha dado todo para llegar hasta aquí, segundo en el Tour, lo máximo a lo que puede aspirar ante Pogacar. Ha ganado dos etapas en el Tour, va a subir mañana al podio final de París, pero aun así ha entrado lamentando no poder ganar otra etapa más. Insaciable. Siempre quiere más. 

Qué más se puede decir de Carapaz. Doble ganador de etapa, combativo un día tras otro y ganador de la clasificación de la montaña. Mejor, imposible. El ciclista ecuatoriano entró en la fuga del día y se lanzó en solitario en la parte final de la Croix de Fer, el primer puerto de la etapa, en busca de los puntos del maillot blanco a puntos rojos. Lo logró. Tras coronar en cabeza, el ecuatoriano fue alcanzado en el descenso por Valentín Paret-Peintre (Soudal-Quick Step), rival también en la disputa de esa claudicación, aunque no pudo hacer nada contra él. Carapaz fue también el primero el cruzar el Télégraphe y el Galibier, lo que le permitió asegurar su victoria en esta clasificación. Pero no se iba a conformar con ello. Si se conformara no sería Richard Carapaz. 

En el descenso del Galibier, el ciclista ecuatoriano del EF se quedó en cabeza solo con Ayuso, Kuss y Hindley. Comenzaron la ascensión al Col de Sarenne con 2:40 de ventaja. Ayuso se descolgó a diez kilómetros de la cima, poco antes de que Kuss dejara atrás primero a Carapaz y luego a Hindley, aunque ambos le dieron caza a 19 kilómetros del final. El estadounidense del Visma-Lease a Bike, ganador de la Vuelta a España hace dos años, volvió a irse en solitario, pero Carapaz no tiró la toalla y se mantuvo por debajo de los 20 segundos de distancia. A siete minutos de fue al suelo Kuss, con lo que el ciclista ecuatoriano se acercó aún más. A seis kilómetros de meta se volvió a caer Kuss, que fue ya superado por Carapaz, quien se lanzó a por la victoria. Además, termina octavo en la general. 


Otro ciclista que ha deslumbrado casi a diario en este Tour es Mads Pedersen. Hoy ha protagonizado su enésima demostración de coraje y fortaleza, quizá la más asombrosa de todas, cuando ha logrado volver a entrar en el grupo del líder en e incluso atacó después de quedarse descolgado en la Croix de Fer, para así poder sumar puntos en el sprint intermedio. Consiguió enlazar con el grupo delantero y ganó la meta volante, con lo que se proclamó matemáticamente ganador de la regularidad. Hacía años que la disputa por el maillot verde no ofrecía tanto espectáculo. El ciclista noruego ha honrado esta clasificación cada día con un ejemplo admirable de profesionalidad y ambición. Para quitarse el sombrero. 

Una vez más, ha sido una etapa de máxima exigencia. Casi de salida se marcharon hacia adelante Xabier Mikel Azparren (Pinarello Q36.5), Georg Steinhauser (EF Education-EasyPost), Jonas Abrahamsen (Uno-X Mobility), Baptiste Veistroffer (Lotto Intermarché), Joris Delbove (TotalEnergies) y Warren Barguil (Picnic PostNL). Comenzaron la subida a la Croix de Fer con un minuto de ventaja. El Visma-Lease a Bike, en busca de un triunfo de etapa desde que se vio forzado a abandonar Jonas Vingegaard, tiró del pelotón. Juan Ayuso (Lidl-Trek) lo probó una y otra y vez. Ha contado en meta que varios ciclistas le dijeron que no le iban a dejar irse, pero él no dejó de probarlo. El empeño del ciclista español permitió formar un corte más amplio de mucho nivel con el propio Carapaz, acompañado de su coequipier Ben Healy, Paret-Peintre, cuatro representantes del Visma-Lease a Bike (Davide Piganzoli, Sep Kuss, Matteo Jorgenson y Bruno Armirail), Tobias Johannessen (Uno X), Jai Hindley (Red Bull Bora), Thymen Arensman (Netcompany Ineos), Matthew Riccitello (Decathlon CMA CGM), Clément Braz Afonso (Groupama FDJ) y Tobias Fos (Netcompany Ineos). 

Mañana, última etapa, es decir, la clásica de París, con doble subida a Montmartre. Los graves incendios que afectan a Francia han obligado a modificar el recorrido de la etapa final del Tour. El ministerio del Interior ha decidido destinar parte del dispositivo de seguridad de la carrera a ayudar a combatir las llamas. Por eso, la etapa de mañana comenzará desde la línea de meta y se darán dos vueltas adicionales al circuito de los Campos Elíseos, antes de subir a la colina de Montmartre, por la que se pasarán tres veces. Será el fin de fiesta a un Tour sentenciado desde muy pronto, posiblemente desde antes de la salida, en realidad, pero que, lejos de aburrir, ha sido de los más entretenidos de los últimos tiempos. El recorrido de la etapa de mañana invita a esperar un último show, con Pedersen, Van der Poel y, quién sabe, quizá también Pogacar o Evenepoel, en busca de la victoria. 

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