Van der Poel brilla en la clásica del Tour

 

Para quienes sólo se fijan en la lucha por la general, que hacerlos, haylos, la etapa de hoy en el Tour ha sido irrelevante. Para los los amantes del ciclismo, ha sido, de largo, la más bella etapa de las nueve que llevamos de la presente edición de la ronda gala. Sin los favoritos de la general implicados, ni falta que ha hecho, pero con una especia de clásica insertada en una prueba por etapas, una carrera de supervivencia sobre un terreno escarpado en la que se ha impuesto con brillantez Mathieu Van der Poel (Alpecin-Premier Tech), después de dos días en los que el corredor neerlandés ejerció de lanzador de supervivencia compañero Jasper Philipsen. Hoy le ha tocado a él. 

El recorrido, incluso tras el recorte de 30 kilómetros por la ola de calor, invita a ver un gran espectáculo y una fuerte disputa para formar la escapada del día. Pese al asfixiante calor, así ha sido. Los ciclistas nos han regalado uno de esos memorables días de ciclismo que engrandecen este deporte y esta carrera, que por algo es la mayor carrera ciclista del mundo. Un monumento al Tour, una maravillosa declaración de amor al ciclismo que más enamora, el de los ataques y contraataques, el de las alternativas constantes y la tensión hasta el final. 

Después de muchos intentos de fuga y de innumerables cortes, tras 75 kilómetros de movimientos de todo tipo, con el UAE controlando cada intento de fuga pensando en las opciones de Pogacar para ganar la etapa, abrieron camino Tobias Johannessen (Uno-X), Quinn Simmons (Lidl-Trek), Tom Pidcock (Pinarello Q36.5), Lennert Van Eetvelt (Lotto-Intermarché), Jordan Jegat (TotalEnergies), Pablo Castrillo (Movistar),Ion Izagirre (Cofidis), Alex Baudin (EF), Derek Gee (Lidl-Trek), Valentin Paret Peintre(Soudal-Quick Step), Marc Hirschi (Tudor), Tobias Foss (Netcompany Ineos), Clément Braz(Groupama FDJ), Mathieu Van Der Poel (Alpecin-Premier Tech), Lars Craps (Lotto Intermarché) y Ewen Costiou (Groupama FDJ). 

Después, en una de las cotas del día, se hizo otro corte entre los hombres de la fuga, con ocho corredores por delante (Johannessen, Pidcock, Van Eetvelt, Castrillo, Baudin, Simmons, Gee y Van der Poel). Mientras, por detrás, el Netcompany Ineos se puso a tirar con fuerza, en pos de las opciones de Filippo Ganna. 

Los fugados empezaron a subir Mont Bessou, la última cota puntuable de esta preciosa novena etapa del Tour, con apenas 30 segundos de ventaja sobre el pelotón. Aceleró con poderío Van der Poel, como si aquello fuera el Poggio y estuviéramos en la Milán-San Remo. Su acelerón permitió elevar la renta hasta los 50 segundos. Quedaron por delante sólo Van der Poel, Johannessen, Baudin y Pidcock. La selección final estaba hecha. Al frente del gran grupo se relevaron el Netcompany Ineos de Filippo Ganna y el Lidl-Trek de Mads Pedersen, una vez que sus dos compañeros en la fuga, Quinn y Gee, perdieron sus opciones de victoria tras el acelerón de Van der Poel. 

Los cuatro corredores de cabeza se entendieron bien y Van der Poel, que empezó la recta final el cabeza, lanzó el sprint con enorme fortaleza y logró la victoria. En la entrevista en meta le han preguntado si el festival de Van der Poel tendrá nuevos capítulos, si nos regalará más momentos así en lo que queda de Tour. Él, divertido, ha respondido que quizá sea un festival de un solo día, pero que se alegra de que al menos haya sido bonito. Y tan bonito. El más espectacular de lo que llevamos de Tour, y ha habido unos cuantos, como la maravillosa fiesta de Montjuic en la segunda etapa, la victoria de Mads Pedersen tras una jornada en la que el Lidl-Trek dio una lección de trabajo en equipo o el recital de Tadej Pogacar en el Tourmalet, que deja al esloveno al frente de la general y con la carrera sentenciada salvo sorpresa mayúscula. 

La etapa de hoy ha sido recortada por los efectos del calor extremo que Francia está sintiendo este año como nunca antes. Y no es el primer día que el calor es más que un tema de conversación, hay una preocupación mucho más de fondo. Más allá del comentario de barra de bar de quienes dicen que es que ahora los ciclistas no aguantan nada o que siempre ha hecho calor, es una evidencia irrebatible que se están alcanzando temperaturas récord en toda Europa y que las olas de calor son las más frecuentes y más duraderas desde que hay registros. Eso tiene un impacto indudable en las carreras ciclistas, que además se corren siempre en las horas de más calor del día. Y en especial, claro, en las que se disputan en pleno verano, como el propio Tour de Francia, fiel a julio, el mes vacacional por excelencia en Francia, o la Vuelta a España, que comienza a finales de agosto. 

Del mismo modo que tenemos más o menos interiorizado que cuando hay nevadas o tormentas muy serias la carrera se debe neutralizar o se deben cambiar los recorridos, aunque eso también provoca siempre polémicas y críticas, creo que en general, en el ciclismo pero también en la sociedad, seguimos sin ser conscientes del impacto del calor extremo, que según todos los expertos irá a más año tras año por el cambio climático. El debate en el ciclismo será ineludible y deberá afrontarse con la mente abierta. Quizá haya que cambiar horarios, puede que incluso parte del calendario, pero no parece muy sostenible hacer como que aquí no pasa nada y poner parches como la opción de ser un poco menos estrictos con el avituallamiento líquido de los ciclistas. Es un tema lo suficientemente importante como para que los organizadores de las carreras ciclistas y el resto de actores de este deporte se lo tomen en serio. Es un debate que no se puede posponer. 

La CPA, la principal organización de ciclistas profesionales, ya ha pedido en un comunicado que se adapten los horarios de las pruebas que se disputan en verano para no coincidir, o coincidir lo menos posible, con las horas de más calor. 

De momento, mañana los ciclistas podrán disfrutar del más que merecido primer día de descanso del Tour. La carrera volverá el martes, 14 de julio, día de la fiesta nacional francesa, con un perfil montañoso muy atractivo. 

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