Merlier gana una alocada etapa

La tercera etapa del Giro de Italia disputada hoy ha sido quizá una de las más extrañas que se recuerdan en una gran vuelta. Es inenarrable. Todo parecía seguir más o menos el guión no escrito de las etapas llanas: alguna escapada sin el menor riesgo, cierto tedio incluso… Hasta la cuenta oficial del Giro en X (antes Twitter) publicó un post lleno de zetas dejando claro que la etapa no estaba siendo precisamente apasionante. Y, de pronto, la locura. Lo inexplicable. El ciclismo, vaya. El Giro, que es la gran vuelta más impredecible. Y Tadej Pogacar, cuya presencia día condiciona y agita cada carrera que disputa y que hoy ha protagonizado un par de movimientos de esos que jamás se esperaría de un hombre de la general que es además el líder de la carrera y su indudable patrón. No responde a ninguna lógica lo que ha hecho hoy el esloveno, pero él es así de genial e impulsivo. 

Vamos por partes. Todo transcurriría más o menos según lo esperado. Un día más bien anodino, de los que, no nos engañemos, sí o sí tiene que hacer alguno en las grandes vueltas de tres semanas. Se formó una escapada con Davide Ballerini y Lilian Calmejane, pero esa fuga decayó tras sumar puntos en la única ascensión puntuable del día. El pelotón marchaba a un ritmo pausado, muy por debajo del más lento de los horarios previstos por la organización. Pero, de pronto, los ciclistas decidieron que hoy no sería un día de siesta para los espectadores. Empezó el baile, comenzó la fiesta.  

A falta de 86 kilómetros para el final se movió Filippo Fioreli, más pensando en el sprint intermedio y en la clasificación de la maglia ciclamino que en probar un triunfo de etapa. Pero entonces se formó un corte numeroso con buena parte de los velocistas del Giro. Entre otros, Tim Merlier, Olav Kooij, Caleb Ewan, Laurence Pithie, Kaden Groves, Biniam Girmay,  Danny Van Poppel y Alberto Dainese. Es muy raro que en una etapa ya de por sí destinada al sprint ataquen, precisamente, los esprinters, pero así ocurrió. 

Las sorpresas y la emoción no se quedaron ahí. Por detrás, lejos de dar por bueno ese corte, el equipo Movistar, el Polti y, en menor medida, el Bahrein, que no metieron a nadie en la fuga, se encargaron de tirar del pelotón. La fuerza con la que tiraron estos equipos, que realmente se emplearon a fondo, provocó a su vez cortes en el gran grupo. Tras más de 40 kilómetros de una batalla sin cuartel, el grupo de los velocistas fue neutralizado. De aburrimiento, de momento en este Giro, nada de nada. 

Tras la caza llegó una aparente calma, pero sólo era aparente. Pogacar entró en un sprint intermedio donde bonificó dos segundos, mientras que Ben Swift se llevó tres y su líder Geraint Thomas, segundo en la general, uno. Fue otro movimiento un tanto extraño, porque no es muy normal ver al líder de la carrera pegarse semejante sofoco en un sprint para arañar, como máximo, tres segundos, pero ahí entró el esloveno y ahí entró también un Thomas que está demostrando que viene al Giro a por todas. 



Quedaba la traca final. El Ineos endureció muchísimo la férrea en una subida corta al 5,3% cerca de meta. El pelotón se redujo a no más de 50 unidades. Cuando ya estaban a punto de coronar el puerto atacó Mikkel Honoré al que respondió primero Pogacar y después Geraint Thomas. Otra vez la fiesta. Otra vez un movimiento inesperado. Podría haberse quedado ahí la cosa, pero los dos primeros clasificados de la general entraron al relevo. Pogacar reventó a Honoré. Junto a Thomas marchó hacia adelante. Quería la victoria de etapa. El gran grupo se les echó encima y se impuso la lógica del sprint. La osadía de Pogacar y Thomas quedó sin premios, la etapa concluyó al sprint, como se esperaba, pero tras una serie de acontecimientos de lo más anómalos e imprevistos.

En el sprint se impuso Tim Merlier en un enorme duelo con Jonathan Milan. Tercero fue Girmay 

Desde luego, si alguien creía que Pogacar iba a correr el Giro con cierta prudencia, guardando fuerzas para el Tour, administrando su ventaja y su superioridad con cautela, nada más lejos de la realidad. No está claro que el esloveno sepa correr así. Quizá no es lo más responsable para él, pero desde luego sí es lo más divertido para el espectador. 


Mañana, cuarta etapa, también con previsible final al sprint, aunque quién sabe. 





Comentarios