Al Giro le sienta bien estar en casa. La cuarta etapa de la corsa rosa ha sido la primera en Italia, después de tres días en Bulgaria, y ha sido realmente entretenida. Ha tenido de todo: fuga más numerosa que los días precedentes, cambio de líder (Giulio Ciccone vestirá mañana la maglia rosa, para delirio de la afición italiana), un movimiento ambicioso del Movistar que pilló con el pie cambiado a los grandes velocistas y una ajustada volata en la que el ecuatoriano Jhonatan Narváez (UAE) se impuso ante Orluis Aular (Movistar).
Martin Marcellusi (Bardiani CSF), Darren Rafferty (EF), Johan Jacobs (Groupama-FDJ), Warren Barguil (Picnic-Post NL), Mattia Bais (Polti-Visit Malta) y Niklas Larsen (Unibet Rose Rockets) formaron la escapada del día, pero el gran grupo no les dejó hacer. En la subida a Cozzo Tunno, el Movistar marcó un ritmo duro para eliminar a los grandes velocistas y buscar así la victoria de su hombre rápido, Orluis Aular.
El ambicioso movimiento del equipo telefónico surtió efecto. Pronto que se quedaron cortados muy pronto, entre otros, Dylan Groenewegen (Unibet Rose Rockets), Jonathan Milan (Lidl-Trek) y Paul Magnier (Soudal-Quick Step), hasta ahora, el gran dominador de las volatas. Al poco también se descolgó el líder, Guillermo Thomas Silva (XDS-Astana), por lo que se abría la batalla por la maglia rosa. El valiente paso adelante del Movistar también permitió dar caza a los fugados a 50 kilómetros del final.
El ritmo del Movistar fue enorme y provocó una gran escabechina. Apenas quedaron en cabeza poco más de cuarenta ciclistas, entre los que no estaba Egan Bernal (Netcompany Ineos), que se quedó cortado a algo menos de dos kilómetros de la cota. Hasta hoy, tercero en la general, el ciclista colombiano no fue capaz de seguir el ritmo del Movistar. Gracias a su compañero Ben Turner y a la ayuda del Soudal-Quick Step de Filippo Zana y el Lidl-Trek de Derek Gee terminó reintegrándose a falta de 17 kilómetros de meta. Prueba superada para el campeón colombiano, que ha vivido un día muy duro.
Con el líder ya a casi nueve kilómetros en el kilómetro Red Bull, Jan Christen (UAE) sumó seis segundos; Giulio Pellizzari (Red Bull-Bora), cuatro, y Giulio Ciccone (Lidl-Trek), dos. Los tres estaban pensando en el liderato de la general, igual que Jonas Vingegaard (Visma-Lease a Bike), quien intentó meterse en el sprint bonificado, pero no logró entrar entre los tres primeros, así que no bonificó.
A un kilómetro y medio del final atacó con mucho poderío Christen y estuvo a punto de sorprender al pelotón, pero le terminaron dando caza. Remató la faena Jhonatan Narváez, compañero de equipo de Christen en el UAE, que se impuso en la volata por delante de Aular, quien se adelantó lanzado el sprint demasiado pronto, y de Ciccone, que logró gracias a las bonificaciones enfundarse la maglia rosa de líder por primera vez en su vida, un sueño para cualquier ciclista, más aún, para un ciclista italiano.
Ciccone aventaja ahora en cuatro segundos en la general a Christen, Florian Stork (Tudor) y Bernal, mientras que Enric Mas (Movistar) es octavo y Marcel Beloki (EF), noveno, ambos a diez segundos.
Por lo demás, está siendo un comienzo de Giro marcado por las retiradas. Las grandes vueltas son, antes que nada, pruebas de resistencia, de supervivencia. Las caídas de las primeras etapas en tierras búlgaras siguen pasando factura a la carrera. A las retiradas de Santiago Buitrago (Bahrein), Adam Yates, Jay Vine y Marc Soler (UAE), entre otros, que no llegaron a Italia, hoy se han sumado dos bajas más. Hoy no tomó la salida Wilco Kelderman, lugarteniente de Vingegaard en el Visma-Lease a Bike, afectado por una caída en la segunda etapa, mientras que Kaden Groves, el velocista del Alpecin-Premier Tech, sí ha salido hoy, pero tuvo que retirarse, al no poder recuperarse de las heridas de la caída del primer día, al igual que ha ocurrido con Arnaud De Lie (Lotto-Intermarché). Son ya diez los ciclistas que han retirado la carrera en apenas cuatro etapas.
El recorrido de la etapa de mañana invita también a equipos como el Movistar a intentar endurecer la carrera para descolgar a los velocistas puros en un puerto de segunda situado a 50 kilómetros de meta.


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