El landismo renace y Mas sentencia la Vuelta



Cuando Lorca dijo que “Granada es apta para el sueño y el ensueño, por todas partes limita con lo inefable” no estaba pensando en ciclismo, claro, pero, tras lo visto hoy en la penúltima etapa de la Vuelta, es imposible no darle la razón al inmortal poeta. La ciudad de la Alhambra es, en efecto, el escenario ideal para resolver una Vuelta a España de ensueño para Enric Mas y el equipo Movistar. Y, por supuesto, también para volver a ver florecer el inefable landismo, con Mikel Landa (Soudal Quick Step) como sorprendente y más que merecido vencedor de una etapa de la Vuelta once años después de su anterior triunfo en la ronda española. Y vaya etapa, una de las más duras y de las más bellas de la historia de la carrera, con desenlace en el inédito Collado del Alguacil. 

La embrujada ciudad nazarí acogerá mañana la etapa final de la carrera, pero hoy ha tenido un aperitivo o, como se estila aquí, una suculenta tapa, con el paso por Granada de los ciclistas camino de El Purche. Para la ciudad, lo de hoy ha sido un aperitivo, un paso rápido de los ciclistas antes de que llegaran los puertos más exigentes del día, pero para la carrera ha sido el plato fuerte. Se esperaba mucho, porque era la última etapa de alta montaña, la última oportunidad de Primoz Roglic para asaltar el liderato de la carrera que con tanta solvencia vía ha defendido Enric Mas (Movistar), la última gran jornada de la carrera para resolver lo que aún quedaba abierto. El resultado ha sido aún más espectacular de lo que cabría esperar. Ha sido una de las mejores etapas que se recuerdan en la Vuelta. 

Por seguir con las metáforas culinarias, la jornada de mañana, con la Alhambra de fondo, será el postre perfecto, la guinda al pastel. O, más bien, estando aquí, un delicioso pionono, ese dulce exquisito típico de la ciudad. Se nota en esta crónica que escribo desde Granada y que aquí se come de escándalo, que no todo va a ser ciclismo.

Ha sido una etapa soberbia, realmente inefable, sí, en la que han pasado muchas cosas. Enric Mas (Movistar) ha conservado con solvencia el maillot rojo, por lo que ha sentenciado la carrera en la que ha sido el más fuerte y en la que Primoz Roglic (Red Bull-Bora) no sólo no le ha podido poner en aprietos en ningún momento, sino que ha tenido que luchar hasta el final para mantener la segunda plaza de la general ante Felix Gall (Decathlon CMA CGM), que le ha recortado 46 segundos. 

Mikel Landa, a quien apenas habíamos visto en lo que llevábamos de carrera, ha ganado la etapa a lo campeón. Landismo en estado puro. Un colosal triunfo en solitario que engrandece su leyenda y ha despertado un auténtico delirio entre los aficionados. El año que viene, el ciclista vasco seguirá corriendo y volverá a casa, al Euskaltel-Euskadi. Regresará al equipo vasco tras lograr una sensacional victoria que ha emocionado al propio Landa, claro, y a cualquier aficionado al ciclismo. Ojalá pueda ser invitado a la Vuelta. El landismo vive, la lucha sigue. 

Otro ciclista que siempre fascina, Richard Carapaz (EF), no se ha dejado ni medio gramo de fuerza y, fiel a su estilo, ha atacado siempre que ha podido. No le ha salido, no tiene las piernas del Tour, pero eso no es lo más importante. Sepp Kuss (Visma-Lease a Bike) ha pasado de la undécima a la quinta  posición en la general. Wout Van Aert (Visma-Lease a Bike), que mañana partirá como favorito en la etapa final en Granada, ha vuelto a entrar en la fuga, ha certificado su maillot verde, ha peleado incluso por el de la montaña, que conserva Santiago Buitrago (Bahrein) y todavía ha tenido fuerzas para echar una mano a Kuss en el puerto final. Vaya ciclista. Es como si cocinara los platos en un restaurante, los sirviera en la mesa, los recogiera y los limpiara. Es el hombre que lo hace todo en el pelotón. Tras un día muy duro para ambos, Oscar Onley (Netcompany Ineos) ha logrado conservar el maillot blanco de mejor joven por delante de Jakob Omrzel (Bahrein). 



Granada y sus montañas han sido hoy una fiesta grande en torno al ciclismo. Desde primera hora de la mañana, grupos de cicloturistas pasan por las carreteras granadinas. Se dirigen a los puertos donde se decidirá la carrera horas después, donde los ciclistas profesionales nos ofrecerán un memorable espectáculo. Granada sigue su pulso habitual de cualquier sábado, pero no es un sábado cualquiera. Así lo demuestran las vallas y las cintas en los tramos por los que transitará la carrera. Una hora y media antes del paso de los ciclistas es el turno de la  caravana publicitaria, que todavía tiene poco que ver con la del Tour y que resulta más bien fugaz, pero que alegra a algunos aficionados al lanzar unas gorras. 

Mientras la caravana pasaba por la calle Cervantes , Wout Van Aert (Visma-Lease a Bike) e Ivo Oliveira (UAE) abrían camino en cabeza de carrera, con un grupo numeroso en su persecución. A la terraza en la que espero el paso de los ciclistas han llegado personas interesadas en la carrera, incluido un grupo de aficionados holandeses con un español razonablemente fluido. Una mujer reserva una mesa para las dos, para poder comer mientras la Vuelta pasa frente a ellos, aunque no llegara  a tiempo y se perderán el paso de los corredores. Una pareja pasa de largo al ver que todas las mesas están ocupadas. El camarero no da abasto y creo que no sabe si bendecir o maldecir el azar de que la carretera pase por delante de su establecimiento. El ambiente, desde luego, es inmejorable. 

Justo en ese momento, mientras sigo intentando elegir la tapa (bendita tradición granadina), en la carrera Finn Fisher-Black, Gianni Vermeersch (Red Bull-Bora-Hansgrohe), Oscar Chamberlain (Decathlon CMA CGM), Pau Miquel (Bahrain Victorious), Magnus Cort, Simon Dalby, Tobias Johannessen, Andreas Kron, Andreas Leknessund, Rasmus Tiller (Uno-X Mobility), Bryan Coquard y Louis Rouland (Cofidis) llegan a la altura de Van Aert y Oliveira. En total, seis ciclistas del Uno-X, en un recurso impresionante que pocos equipos se pueden permitir a estas alturas de carrera. La presencia de dos ciclistas del equipo de Primoz Roglic en cabeza anticipaba batalla por el maillot rojo, mientras por detrás Iván Romeo y Raúl García Pierna, fieles escuderos de Mas, luchaban por entrar en el grupo de cabeza junto a un muy numeroso grupo perseguidor. El Movistar no había metido a ningún ciclista en el grupo delantero. 

Cuando ya he elegido la tapa (berenjena con miel, un clásico que nunca falla), la cabeza de carrera con los dos compañeros de Roglic corona Los Blancares, camino de Granada, con algo más de un minuto de ventaja sobre el grupo perseguir con los dos coequipiers de Mas. Al poco, desde esa terraza repleta, presencio el paso del grupo de escapados, de sus perseguidores y del pelotón, encabezado por el Movistar. En la primera ascensión a El Purche atacó el que siempre ataca, Richard Carapaz (EF), lo que obligó al resto de favoritos a responder en primera persona y reveló la debilidad de Oscar Onley (Netcompany Ineos), que se quedó cortado. Ya en la segunda ascensión al puerto quien primero se movió fue Sepp Kuss (Visma-Lease a Bike), undécimo en la general a ocho minutos del podio. El estadounidense abrió camino. También lo probó una vez más, por supuesto, Carapaz. El ecuatoriano, infatigable, fue cazado, pero su actitud combativa es siempre admirable. 

García Pierna, que venía del grupo perseguidor, se descolgó para echar una mano a Mas, mientras que Buitrago se quedó también para ayudar a su compañero Jakob Omrzel, que disputaba el maillot blanco de mejor joven con Onley. También Roglic se encontró con compañeros de equipo procedentes de los grupos delanteros, que endurecieron la carrera en la ascensión a El Duque. En esa muy exigente subida, quedaron sólo tres ciclistas en cabeza de carrera: Ramses Debruyne (Alpecin-Premier Tech), Tobias Halland Johannessen (Uno-X Mobility) y el gran Mikel Landa (Soudal Quick-Step), a quien apenas se había visto en lo que va de Vuelta, pero que hoy ha sacado toda la clase que atesora para ser protagonista en una de las más duras etapas montañosas de la historia de la carrera.

Por detrás, Carapaz volvió a probarlo, pero ya con menos fuerza y sin éxito. Mas mostró una gran fortaleza y en ese grupo quedaban ya sólo los cuatro primeros clasificados de la general: el propio Mas, Roglic, Felix Gall (Decathlon CMA CGM) y el combativo Carapaz, que volvió a probarlo unas cuantas veces. Iván Romeo, que venía del grupo delantero, hizo un gran trabajo para Mas camino de la subida final al Collado del Alguacil, puerto inédito en la Vuelta. Para el delirio de los aficionados, Landa descolgó a sus dos compañeros de fuga en el comienzo de la ascensión final y ya nadie lo vio hasta la meta.

Por detrás, Mas no pasó el menor apuro y volvió a estar muy bien acompañado por sus compañeros de equipo. En la ascensión final ha tenido a su lado a Pablo Castrillo. Mas será mañana el más que justo vencedor de la Vuelta y el Movistar podrá celebrar una victoria extraordinaria, después de haber ejecutado a la perfección su estrategia cada día, metiendo a ciclistas en la fuga para que después Mas se fuera encontrando con ellos a medida que avanzaba la etapa. Una Vuelta de diez para el equipo telefónico. Gall atacó en el puerto final y descolgó a Mas, aunque su victoria no peligraba ya. Cedió algo menos de 20 segundos en meta con el ciclista austriaco. El ciclista de Artà llegó emocionado, consciente ya de que la Vuelta es suya.



Y mañana, el colofón a una Vuelta portentosa con un circuito final en Granada no exento de dureza y pleno de belleza, desde luego, a las puertas de la Alhambra. Será una etapa final a imagen y semejanza del circuito parisino en Montmartre que el Tour de Francia ha instaurado para su etapa final tras en éxito de ese recorrido en las pruebas en ruta de París 2024. 

Por otra parte, hoy Ion Izagirre (Cofidis), que se retirará al final de esta temporada,  ha ganado el Memorial Pantani por delante de Giulio Pellizzari (Red Bull-Bora-hansgrohe) y de Mikkel Honoré (EF Education-EasyPost) 

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